Respuesta a las 5 preguntas principales sobre la vacuna contra la COVID-19

Ilustración en primer plano de partículas rojas de coronavirus con proteínas de espícula naranjas sobre un fondo desenfocado.

Las recientes noticias prometedoras sobre la eficacia y seguridad de las vacunas contra la COVID-19 ofrecen una luz al final del túnel de la pandemia que ha trastocado la vida normal en todo el mundo a lo largo de 2020. Dos vacunas de ARNm, una de Pfizer/BioNTech y otra de Moderna, acaban de recibir la Autorización de Uso de Emergencia (EUA, por sus siglas en inglés) en EE. UU. y también han sido autorizadas en el Reino Unido y Canadá, y hay muchos otros candidatos que les siguen de cerca. Sin embargo, dado que se espera que varias vacunas estén disponibles para el público en los próximos meses, para muchas personas esta esperanza viene acompañada de una multitud de preguntas. Aquí responderé a algunas de las dudas científicas más comunes que me plantean sobre los candidatos actuales a la vacuna contra la COVID y le indicaré recursos clave para obtener información adicional. Animo a todo el mundo a compartir fuentes de información precisas y científicamente validadas como estas para ayudar a garantizar que puedan tomar decisiones bien fundamentadas sobre la vacunación.

¿Qué tipos principales de vacunas se están desarrollando para la COVID-19?

Existen más de 200 candidatos a vacunas contra la COVID-19 en desarrollo en todo el mundo basados en múltiples enfoques de vacunación diferentes. Todas las vacunas funcionan introduciendo en el cuerpo humano un patógeno (o antígeno) más débil o que no causa la enfermedad, con una estructura similar a la del patógeno causante de la misma, de modo que el sistema inmunitario humano pueda ser entrenado para reconocer ese patógeno específico y responder a él eficazmente cuando se encuentre con el patógeno real. Sin embargo, las plataformas de vacunas difieren en cuanto al antígeno utilizado y la forma en que introducen dicho antígeno para iniciar la respuesta inmunitaria de nuestro organismo.

Las vacunas de ARNm son relativamente nuevas en el campo de la investigación de vacunas. Sin embargo, esta tecnología ya ha demostrado ser muy prometedora en vacunas contra el virus del Zika y el citomegalovirus. La vacuna de Pfizer/BioNTech (BNT162b2) y el candidato a vacuna de Moderna (ARNm-1273), que se espera que sean las primeras en estar ampliamente disponibles, utilizan este enfoque, y hay más de 20 candidatos adicionales de ARNm contra la COVID-19 actualmente en diversas fases de desarrollo.

En lugar de administrar directamente un antígeno que desencadene la respuesta inmunitaria en el cuerpo humano, las vacunas de ARNm suministran un fragmento de ARNm con el código genético que nuestras células pueden utilizar para fabricar el antígeno. El ARNm es una biomolécula frágil que se degrada fácilmente a temperaturas elevadas o por acción de las enzimas del cuerpo humano. Por lo tanto, estas vacunas deben almacenarse a temperaturas muy bajas. El ARNm de estas formulaciones también está empaquetado en nanopartículas lipídicas que preservan su estabilidad y ayudan a facilitar la entrega del ARNm a las células humanas.

A pesar de la limitada experiencia con las vacunas de ARNm, generalmente se consideran más seguras que las vacunas tradicionales que utilizan material vírico, ya que minimizan el riesgo de introducir patógenos o causar mutaciones genómicas. La fabricación de vacunas de ARNm es también más rápida, menos costosa y más escalable que la de otros tipos de vacunas, lo cual es especialmente importante dada la urgencia de la situación actual de la COVID-19.

Para obtener información más detallada sobre las vacunas de ARNm, lea este blog reciente y vea el vídeo a continuación, que muestra cómo funcionan estas vacunas a nivel celular.

Las vacunas de vectores víricos no replicantes utilizan un virus que no causa la enfermedad como vector para transportar las instrucciones genéticas para expresar la proteína antigénica del virus causante de la enfermedad; sin embargo, este virus portador ha sido modificado genéticamente para que no pueda replicarse en nuestro cuerpo. Un buen ejemplo de esta tecnología de vacunación en uso es la vacuna contra el virus del Ébola, que fue autorizada recientemente para su uso de emergencia en la Unión Europea. Existen unos 30 candidatos a vacunas contra la COVID-19 en desarrollo basados en esta plataforma, incluidos los principales candidatos de AstraZeneca/Oxford (AZD1222) y Janssen (Ad26COVS1). Este enfoque de vacunación ofrece varias ventajas, como una gran capacidad de producción, un bajo coste y requisitos de temperatura menos estrictos durante el almacenamiento y el transporte.

Las vacunas de subunidades proteicas difieren tanto de las vacunas de ARNm como de las víricas no replicantes porque introducen directamente en el cuerpo las proteínas antigénicas que desencadenan una respuesta inmunitaria, en lugar de introducir información genética que nuestras células utilizan para fabricar estos antígenos in vivo. La vacuna FluBlok contra la gripe es un ejemplo de vacuna actualmente autorizada que utiliza este enfoque. En la actualidad, hay unos 70 candidatos a vacunas contra la COVID-19 en desarrollo basados en la tecnología de vacunas de subunidades proteicas, con más de 10 en ensayos clínicos.

Las vacunas de virus inactivados se producen cultivando el virus patógeno mediante cultivos celulares que luego se inactivan e introducen en el cuerpo. La mayoría de las vacunas contra la gripe comunes utilizan este enfoque. Actualmente, hay unos 20 candidatos a vacunas contra la COVID-19 en desarrollo basados en el enfoque de vacunas de virus inactivados. Dado que se introduce el virus completo en el cuerpo, este enfoque se aplica a una amplia gama de proteínas antigénicas y a menudo imita la infección real en términos de respuesta inmunitaria. Sin embargo, la capacidad de producción es limitada porque requiere una instalación con un alto nivel de bioseguridad para poder manipular el virus vivo.

Puede encontrar una comparación más detallada de cada uno de los tipos de vacunas y más información sobre cómo funcionan en este artículo.

¿Cómo se desarrolló tan rápido una vacuna contra la COVID-19?

Tradicionalmente, las vacunas han tardado a menudo 15 años o más en pasar del laboratorio al mercado, incluyendo el diseño, el desarrollo, las pruebas preclínicas, los ensayos clínicos y la revisión reglamentaria. Por lo tanto, el hecho de que tengamos varias vacunas altamente eficaces contra la COVID-19 aprobadas o a punto de ser aprobadas en menos de un año es notable. Esta velocidad récord no refleja una falta de diligencia en el desarrollo o las pruebas. No se omitió ningún paso ni se rebajaron las normas reglamentarias en el desarrollo de estas vacunas. Por el contrario, el proceso de desarrollo pudo acelerarse de las siguientes maneras: (1) Los investigadores han colaborado y compartido información a un nivel sin precedentes, empezando por los científicos chinos que publicaron la secuencia genómica del virus SARS-CoV-2 para la comunidad investigadora mundial a principios de enero. (2) Aunque la vacuna de ARNm se considera una tecnología nueva, la idea fundamental surgió en la década de 1990, y la investigación sobre la tecnología de vacunas de ARNm, que se lleva realizando desde 2003 con el brote de SARS, se aprovechó intensamente para la COVID-19. (3) El desarrollo de la vacuna contra la COVID-19 ha contado con el apoyo activo, desde una perspectiva financiera y reglamentaria, de los gobiernos mundiales, con iniciativas como la Operación Warp Speed en EE. UU., que dio prioridad a estas vacunas para que avanzaran por el proceso reglamentario lo más rápidamente posible y se planificara su distribución con antelación. (4) La naturaleza generalizada de la pandemia y el gran interés público proporcionaron un grupo adecuado de participantes para apoyar múltiples ensayos clínicos simultáneos en fase avanzada.

¿Qué vacunas contra la COVID-19 estarán disponibles pronto y cuál es la mejor?

En total, hay más de 50 candidatos a vacunas actualmente en investigación clínica y cerca de 170 en evaluación preclínica en todo el mundo. Más de 30 países han estado trabajando en el desarrollo de vacunas contra la COVID-19, y al menos la mitad tiene una o varias vacunas en ensayos clínicos (Figura 1). Las vacunas que se espera que estén disponibles al público primero son las de ARNm de Pfizer/BioNTech y Moderna, que fueron aprobadas recientemente para su distribución en EE. UU., el Reino Unido y Canadá. China y Rusia también han comenzado la distribución de las vacunas que han desarrollado y han optado por conceder la autorización antes de la finalización de los ensayos clínicos.

Number of COVID-19 Candidate Vaccines

La siguiente tabla destaca las características clave de las cuatro vacunas principales para las que se han publicado datos preliminares de eficacia procedentes de ensayos clínicos en fase avanzada. Ambas vacunas de ARNm muestran una mayor eficacia que el candidato a vacuna de vector vírico no replicante de AstraZeneca/Oxford, según los datos iniciales. Sin embargo, este último ofrece algunas ventajas en cuanto a costes y requisitos de almacenamiento. Se espera que otra vacuna de vector de adenovirus no replicante desarrollada por Janssen cuente con una gran inscripción en ensayos clínicos y que solo requiera una dosis, pero los datos de eficacia aún no están disponibles.

Leading Vaccine Candidates

Tenga en cuenta, sin embargo, que la primera en llegar al mercado no es necesariamente la mejor solución a largo plazo para todo el mundo. Además de los líderes mencionados, hay muchos otros candidatos a vacunas prometedores que siguen avanzando en sus ensayos clínicos. Algunos de esos candidatos pueden ofrecer alternativas para superar los principales retos logísticos a los que se enfrentan los candidatos líderes, como la necesidad de múltiples dosis, los requisitos de temperatura de almacenamiento extrema, la corta vida útil y la posible baja confianza del público en las nuevas plataformas de vacunas.

Estos candidatos adicionales en fase avanzada, de ser aprobados, serán fundamentales para apoyar los programas de vacunación en lugares con infraestructuras clínicas y de salud pública más limitadas. Por ejemplo, la NVX-CoV2373, desarrollada por Novavax y actualmente en fase III de ensayo clínico, es una vacuna de subunidades proteicas basada en la misma tecnología que la vacuna contra la hepatitis B. Esta vacuna candidata parece tener efectos secundarios más leves y provocar una respuesta inmunitaria más fuerte que las vacunas de ARNm, puede conservarse a temperaturas de refrigeración normales y podría generar confianza en la población debido a la familiaridad con esta tecnología. Otro ejemplo es la ARCT-021 de Arcturus Therapeutics, actualmente en fase II de estudio clínico, que es otra vacuna candidata de ARNm. Esta administra una carga de ARN autoamplificable directamente en las células, lo que requiere una sola dosis mucho menor. Gracias a la liofilización, la ARCT-021 también puede conservarse a temperaturas de refrigeración normales.

¿Cómo puedo saber si las vacunas contra la COVID son seguras?

La vacunación se considera uno de los mayores logros médicos de la civilización moderna. Nos ha liberado de muchas enfermedades infecciosas mortales que diezmaron poblaciones en el pasado. Desde el trabajo pionero del Dr. Edward Jenner sobre la vacuna contra la viruela bovina hace más de 200 años, las vacunas contra enfermedades como el sarampión, las paperas, la rubéola, la poliomielitis, la hepatitis A y B, el virus del papiloma humano (VPH) y la gripe se han convertido en parte habitual de la atención médica básica. El proceso de desarrollo de la vacuna contra la COVID-19 no difiere del utilizado para estas vacunas que la mayoría de la gente recibe sin preocupación, salvo que se ha beneficiado de un enfoque de investigación y aprobación acelerado.

Todo el proceso de desarrollo, evaluación y regulación que debe superar una vacuna antes de su distribución pública ha sido diseñado cuidadosamente priorizando la seguridad. Los ensayos clínicos de vacunas son proyectos masivos que incluyen a grandes grupos de voluntarios diversos para determinar la eficacia de la vacuna y descartar problemas de seguridad, tanto a corto como a largo plazo. Una gran cantidad de datos previos sobre el desarrollo de vacunas demuestra que la mayoría de las reacciones graves y efectos secundarios se producen en las 6 semanas posteriores a la vacunación. Por este motivo, la FDA insiste en disponer de al menos dos meses de datos de seguridad de un ensayo clínico de fase III antes de considerar la concesión de una autorización de uso de emergencia (EUA), aunque los datos de los participantes se siguen durante años para garantizar que no surjan problemas a largo plazo.

El tamaño de la población en los ensayos clínicos de las principales vacunas contra la COVID-19 fue coherente con el de ensayos de vacunas anteriores. Los datos del ensayo clínico de Pfizer muestran que, entre los 44.000 participantes, se han confirmado 170 casos de COVID-19 hasta la fecha. De ellos, 162 pertenecían al grupo de placebo, mientras que solo ocho al grupo vacunado. Los datos del ensayo clínico de 30.000 personas de Moderna mostraron que solo cinco personas del grupo vacunado desarrollaron casos confirmados de COVID-19, frente a las 90 personas que recibieron placebo y enfermaron. Aunque la mayoría de los participantes experimentaron efectos secundarios, fueron mayoritariamente leves, como fatiga, dolor de cabeza, dolor en el lugar de la inyección y dolor muscular, que muchos señalaron como más intensos tras la segunda dosis.

¿Cuánto tiempo me protegerá la vacuna contra la COVID-19?

El alcance total de la inmunidad para quienes han pasado la COVID-19 o la han adquirido mediante vacunación aún no se conoce con exactitud. Los investigadores señalan que los niveles de anticuerpos en sangre de los pacientes con COVID-19 descienden rápidamente en las semanas posteriores a su recuperación. Sin embargo, se sabe que las células B y T de memoria, capaces de una respuesta inmunitaria rápida ante una posible reinfección, perduran durante mucho más tiempo. La idea de que estas células pueden proporcionar una inmunidad más duradera se ve respaldada por la observación de que es muy poco probable que los pacientes recuperados de COVID-19 vuelvan a contraer la enfermedad en al menos seis meses. Además, los científicos prevén que la inmunidad inducida por la vacuna contra la COVID-19 podría ser más fuerte que la de la infección natural. Esta creencia se apoya en las primeras pruebas de anticuerpos en personas vacunadas con la vacuna de ARNm de Moderna, que mostraron una mayor producción de anticuerpos que la observada en pacientes recuperados, así como en datos a largo plazo de muchas vacunas ampliamente utilizadas, como las del VPH y el tétanos. Además, por lo observado hasta la fecha, este coronavirus no muta tan rápido como el de la gripe, por lo que es muy improbable que los investigadores deban rediseñar otra vacuna contra la COVID-19 cada año.

No obstante, es importante entender que la mayoría de los ensayos clínicos de las vacunas contra la COVID están diseñados para demostrar que cada vacuna es segura y determinar su eficacia para prevenir la enfermedad. No establecen necesariamente que las vacunas impidan la infección por completo. Por tanto, hasta que se realicen más pruebas el próximo año, se desconoce si estas vacunas evitan que las personas transmitan el virus aunque no enfermen. Así pues, es posible que se sigan recomendando el uso de mascarillas y el distanciamiento social hasta que una gran parte de la población esté vacunada.

Para obtener información más detallada sobre las vacunas y tratamientos contra la COVID-19, incluidos conocimientos científicos, conjuntos de datos de acceso abierto e informes especiales, consulte los recursos sobre la COVID-19 de CAS.

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