Clima cambiante, insectos en expansión: la creciente carga de las enfermedades transmitidas por vectores

Clima cambiante, insectos en expansión: la creciente carga de las enfermedades transmitidas por vectores

Executive Summary

  • Las enfermedades transmitidas por vectores por mosquitos, garrapatas y otros artrópodos representan más del 17% de todas las enfermedades infecciosas y causan más de 700.000 muertes cada año. Los casos de dengue se han multiplicado por diez en las últimas dos décadas, y se estima que las enfermedades transmitidas por Aedes cuestan a la economía mundial alrededor de 1.200 millones de dólares anuales.
  • El cambio climático es un factor importante de las enfermedades transmitidas por vectores. El aumento de las temperaturas acorta los periodos de incubación de los patógenos dentro de los vectores y expande sus hábitats a nuevas regiones. Las proyecciones muestran que cientos de millones de personas más podrían estar en riesgo a mediados de siglo bajo escenarios de altas emisiones.
  • Las opciones de tratamiento y prevención siguen siendo limitadas. No existen antivirales específicos ampliamente aprobados para el dengue, el Zika o el chikungunya, y la resistencia emergente amenaza la eficacia de las estrategias de control y tratamiento de la malaria. La prevención ofrece el mayor impacto, con sistemas de alerta temprana y estrategias de control de vectores adaptadas al clima que superan a las respuestas reactivas.

Las enfermedades transmitidas por vectores representan un desafío importante para la salud mundial, ya que representan más del 17% de todas las enfermedades infecciosas y causan más de 700.000 muertes al año. Estas enfermedades, como la malaria, el dengue, el chikungunya y la enfermedad de Lyme, son transmitidas por vectores artrópodos, incluidos mosquitos, garrapatas, moscas y pulgas (ver Figura 1). Debido a que estos vectores son ectotérmicos (dependen de fuentes ambientales externas para la regulación de la temperatura corporal), sus ciclos de vida están estrechamente vinculados a las condiciones ambientales, lo que hace que la transmisión de enfermedades transmitidas por vectores sea altamente sensible al cambio climático.

Figure 1: Illustrated diagram showing major vector-borne diseases and the arthropod vectors that transmit them, including mosquitoes, ticks, flies, and fleas. Diseases depicted include malaria, dengue, chikungunya, Lyme disease, and others. Created using BioRender.com.

Figura 1: Descripción general de las principales enfermedades transmitidas por vectores y sus vectores asociados. Ilustración creada usando www.BioRender.com

El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) proyecta aumentos de la temperatura global de entre 1,5 y 4,5 °C para 2100, con profundas implicaciones para la dinámica de las enfermedades en todo el mundo. El aumento de las temperaturas globales, la alteración de los patrones de precipitación y la mayor frecuencia de fenómenos meteorológicos extremos debido al cambio climático están remodelando el panorama ecológico que rige la supervivencia, la reproducción y la propagación geográfica de los vectores.   

La evidencia ya es visible: la incidencia del dengue se ha multiplicado por diez en las últimas dos décadas, el chikungunya se ha extendido a más de 119 países a fecha de 2024, y un estudio de 2021 estimó que cada año aproximadamente 476.000 estadounidenses son diagnosticados y tratados por la enfermedad de Lyme. El coste económico es igualmente alarmante: Aedes‑solo las enfermedades transmitidas por mosquitos tienen un coste anual promedio de aproximadamente 1.200 millones de dólares estadounidenses a nivel mundial.    

Más allá de los costes sanitarios directos, estas enfermedades también perjudican el desarrollo económico. Un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que las enfermedades transmitidas por vectores limitan el desarrollo rural y urbano en regiones tropicales y subtropicales. También frenan el turismo: la eliminación de enfermedades como la malaria y el dengue podría aumentar potencialmente el gasto turístico mundial en 12.000 millones de dólares estadounidenses.    

A medida que las zonas climáticas se desplazan y los patrones de precipitación cambian, es cada vez más importante comprender hacia dónde se desplazan los vectores de enfermedades y cómo proteger a las poblaciones en riesgo. La salud de millones de personas y la estabilidad económica de regiones enteras están en juego.

El panorama de la investigación sobre enfermedades transmitidas por vectores

El interés investigador por las enfermedades transmitidas por vectores ha aumentado drásticamente en los últimos años, lo que refleja el creciente reconocimiento de los riesgos sanitarios derivados del clima. Aprovechamos la CAS Content Collection™, el mayor repositorio de información científica catalogado por humanos, para trazar un mapa de la actividad investigadora mundial sobre el cambio climático y las enfermedades transmitidas por vectores. Descubrimos un aumento sorprendente de la atención científica a la relación entre el cambio climático y las enfermedades transmitidas por vectores en las dos últimas décadas.   

Las búsquedas se ejecutaron a través de CAS IP Finder con tecnología de STNTM, que proporciona acceso avanzado a la CAS Content Collection junto con potentes herramientas de indexación semántica y análisis. Utilizando una terminología amplia sobre enfermedades transmitidas por vectores cruzada con conceptos relacionados con el clima y el medioambiente, y limitando los resultados al periodo 2000-2025, recuperamos más de 1600 documentos seleccionados para su análisis.  

Nuestro análisis reveló un aumento de más de 40 veces en las publicaciones durante los últimos 25 años (véase la Figura 2). Los artículos de revistas dominan este espacio, mientras que la actividad de patentes sigue siendo mínima, con solo 27 familias de patentes (grupos de patentes relacionadas presentadas en múltiples jurisdicciones para proteger la misma invención) identificadas. Este aumento en la investigación refleja la creciente preocupación mundial por la malaria, el Zika y otras enfermedades transmitidas por vectores, pero también subraya la dificultad de desarrollar tratamientos eficaces, ya que relativamente pocos están listos para su comercialización.  

Figure 2: Bar and line chart showing annual publication trends on climate change and vector-borne diseases from 2000 (less than 10) to 2025 (more than 200). Colored bars represent yearly publication counts; an orange line shows the trailing five-year average. An inset pie chart displays the distribution of document types.

Figura 2: Tendencias anuales de publicación sobre el cambio climático y las enfermedades transmitidas por vectores. Las barras de colores representan el número de publicaciones anuales, y la línea naranja muestra la media móvil de cinco años del número de publicaciones anuales. El gráfico circular insertado ilustra la distribución de los tipos de documentos. *Los datos de 2025 son parciales hasta noviembre. Fuente: CAS Content Collection

Researchers can use CAS IP Finder to identify filing patterns across jurisdictions, monitor competitive activity, track new filings, and identify whitespace opportunities using similar search strategies to those in this article.

Utilizando conceptos indexados de la CAS Content Collection resultantes del análisis completo de documentos realizado por los analistas de CAS, el conjunto de datos revela patrones distintos en las enfermedades, los factores climáticos y los vectores destacados en la bibliografía (véase la Figura 3). Nuestro análisis muestra que la malaria y el dengue parecen ser las enfermedades más estudiadas, seguidas de la leishmaniasis y el chikungunya. Entre los factores climáticos, la temperatura surge como el factor investigado con mayor frecuencia, mientras que la humedad y las precipitaciones también reciben una atención notable.    

En cuanto a los grupos de vectores, Aedes y Anopheles los mosquitos parecen atraer el mayor interés científico, lo que refleja su papel en la transmisión de enfermedades de alta carga como el dengue, el chikungunya y la malaria. Esta categorización muestra cómo se distribuyen los esfuerzos de investigación en la interfaz clima-vector-enfermedad, lo que ayuda a identificar tanto las áreas bien estudiadas como las lagunas que requieren una mayor investigación.

Figure 3: Three panel charts showing the relative distribution of publications on (A) major diseases including malaria, dengue, leishmaniasis, and chikungunya; (B) climatic factors including temperature, humidity, and precipitation; and (C) vector groups including Aedes and Anopheles mosquitoes.

Figura 3: Distribución relativa de las publicaciones sobre (A) enfermedades principales, (B) factores climáticos y (C) vectores en el conjunto de datos sobre cambio climático y enfermedades transmitidas por vectores. Los datos incluyen artículos de revistas y familias de patentes publicadas entre 2000 y 2025. Los datos de 2025 son parciales hasta noviembre. Fuente: CAS Content Collection.

La Figura 4 muestra una instantánea global de la actividad investigadora relacionada con el cambio climático y las enfermedades transmitidas por vectores. En las distintas ubicaciones, la malaria, el dengue y la enfermedad de Lyme aparecen de forma destacada, mientras que las variaciones regionales, como un mayor enfoque en el virus del Nilo Occidental en Estados Unidos o la leishmaniasis en Brasil e India, ponen de relieve las prioridades de investigación locales. Esta visualización muestra la naturaleza global de las enfermedades transmitidas por vectores y cómo las condiciones de salud impulsadas por el clima están afectando a todas las áreas del mundo.

Figure 4: World map and bar chart showing publication output on climate change and vector-borne diseases across the top ten countries. Bars indicate publication counts per country; pie charts illustrate the relative distribution of major diseases within each country's research portfolio.

Figura 4: Producción de publicaciones sobre el cambio climático y las enfermedades transmitidas por vectores en los 10 principales países. Las barras indican el número de publicaciones y los gráficos circulares ilustran la distribución relativa entre las principales enfermedades dentro de la cartera de investigación de cada país. Los datos incluyen artículos de revistas y familias de patentes publicados entre 2000 y 2025. Los datos de 2025 son parciales hasta noviembre. Fuente: CAS Content Collection.

Por qué el cambio climático acelera las enfermedades transmitidas por vectores

El cambio climático influye en la dinámica de las enfermedades transmitidas por vectores a través de mecanismos ambientales y biológicos interconectados. Estos factores climáticos afectan a los ecosistemas, a los vectores y al comportamiento humano, lo que crea condiciones propicias para la transmisión de enfermedades (véase la Figura 5).

Figure 5: Illustrated diagram showing how climatic factors, including temperature, precipitation, humidity, and extreme weather events, influence vector biology and the transmission of vector-borne diseases.

Figura 5: Factores climáticos y su impacto en las enfermedades transmitidas por vectores. Creado utilizando www.BioRender.com.

Efectos de la temperatura   

La temperatura es el principal factor climático que impulsa la biología de los vectores, determinando el desarrollo, la supervivencia, la reproducción y el comportamiento de los insectos a través de relaciones térmicas no lineales. En el caso de los mosquitos, la temperatura influye en el desarrollo larvario, la longevidad de los adultos, la frecuencia de alimentación sanguínea y la actividad de vuelo, con un crecimiento que se acelera hasta alcanzar los niveles térmicos óptimos específicos de cada especie y que disminuye al superarlos.    

El desarrollo de patógenos dentro de los vectores, conocido como periodo de incubación extrínseco (PIE), es altamente sensible a la temperatura. Los datos de modelización sugieren que unas condiciones más cálidas acortan sustancialmente el PIE y aumentan el potencial de transmisión. Por ejemplo, un modelo mecanístico ajustado a conjuntos de datos experimentales estima que aumentar la temperatura de 21 °C a 34 °C reduce el PIE₅₀ del parásito de la malaria de 16,1 a 8,8 días. De forma similar, el desarrollo del virus del dengue en Aedes aegypti se acelera de 15 días a 25 °C a unos 6,5 días a 30-32 °C (donde 15 y 6,5 son medias), según los modelos de PIE dependientes de la temperatura.    

Es importante destacar que la eficiencia de la transmisión sigue una "zona de equilibrio", donde un calentamiento moderado aumenta el riesgo, pero un calor excesivo se convierte en un factor limitante. El virus del dengue alcanza su punto máximo entre los 28 y 32 °C, cayendo drásticamente por encima de los 35 °C; el virus del Zika se transmite mejor entre los 22,7 °C y los 34,7 °C, y se prevé que el virus del Nilo Occidental se transmita mejor entre los 23,5 °C y los 25,6 °C. Estos umbrales muestran cómo los cambios de temperatura impulsados por el clima pueden ampliar o reducir las ventanas de transmisión de las principales enfermedades transmitidas por vectores, y ponen de relieve la variabilidad y la incertidumbre que rodean al calentamiento global y sus efectos exactos sobre los vectores de enfermedades.   

Precipitación y humedad

Las precipitaciones y la humedad influyen notablemente en los hábitats y la supervivencia de los vectores, creando efectos complejos y no lineales en la transmisión. Muchas especies de mosquitos dependen del agua estancada para el desarrollo larvario, por lo que unas precipitaciones moderadas amplían los lugares de cría, mientras que unas precipitaciones extremas pueden arrastrar a las larvas y reducir las poblaciones. Por el contrario, la sequía puede eliminar los hábitats por completo o concentrar a los vectores y a los huéspedes alrededor de fuentes de agua limitadas e intensificar la transmisión, como se observó durante el brote de virus del Nilo Occidental de 2012 en Texas, donde la sequía amplificó la propagación viral. La humedad afecta además la longevidad y la actividad de los mosquitos adultos; una humedad baja reduce su supervivencia y vuelo, mientras que un exceso de humedad puede promover infecciones fúngicas, añadiendo otro nivel de complejidad a la abundancia de vectores.

Fenómenos meteorológicos extremos

El cambio climático está intensificando los huracanes, las inundaciones y las olas de calor, creando patrones impredecibles en la transmisión de enfermedades transmitidas por vectores. Las inundaciones pueden generar extensos hábitats de reproducción temporales, alimentando aumentos repentinos de la población de mosquitos y brotes de dengue, chikungunya y Zika, como los observados tras los huracanes Irma y María en 2017 en el Caribe. Las precipitaciones y el calor provocados por El Niño precedieron a importantes aumentos de casos de dengue en Perú en 2023-2024, con un incremento de casos superior al 130%. Las inundaciones catastróficas que ocurrieron durante la temporada de monzones en Pakistán en 2025 desencadenaron explosivos brotes arbovirales al interrumpir los sistemas de agua, saneamiento e higiene y concentrar las interacciones entre vectores y huéspedes en las comunidades desplazadas. Esta imprevisibilidad significa que los sistemas sanitarios locales de todo el mundo deben reaccionar rápidamente cuando las condiciones meteorológicas extremas favorecen la supervivencia de los vectores y la transmisión de enfermedades.    

La propagación de enfermedades transmitidas por vectores y los posibles tratamientos

La incidencia mundial del dengue ha aumentado drásticamente en las últimas dos décadas, con brotes sin precedentes en 2023-2024 relacionados con el calentamiento climático, los eventos de El Niño y los cambios en la distribución de los mosquitos vectores. Los modelos mecanísticos y de distribución proyectan sistemáticamente una expansión hacia los polos y una idoneidad estacional emergente en las regiones templadas, destacando a Europa como un importante punto crítico futuro. Los modelos globales parametrizados por temperatura se prevé que para mediados de siglo, el calentamiento climático creará nuevas regiones aptas para la transmisión del dengue, lo que podría exponer a cientos de millones de personas adicionales. Esta expansión está impulsada por la capacidad de Aedes aegypti y Aedes albopictus para prosperar en diferentes rangos de temperatura, lo que permite que ambas especies se propaguen a áreas que se están calentando recientemente. Se proyectan tendencias similares sensibles al clima para el virus del Zika, y un estudio estima que, bajo escenarios de altas emisiones, más de 1.300 millones de personas adicionales podrían estar en riesgo de transmisión del virus del Zika para 2050, particularmente en América del Norte y Europa, donde las poblaciones siguen siendo vulnerables. Clínicamente, el dengue puede progresar a dengue grave con fuga de plasma, hemorragia o deterioro de órganos, lo que ejerce una gran presión sobre los sistemas de salud durante los brotes. El tratamiento sigue siendo de apoyo, ya que actualmente no existe una terapia antiviral ampliamente eficaz y las vacunas existentes tienen limitaciones basadas en el serostatus y el grupo de edad. Los arbovirus más amplios transmitidos por Aedes, como el chikungunya y el Zika, también carecen de antivirales específicos; el chikungunya causa poliartralgia incapacitante a largo plazo y el Zika se asocia con anomalías congénitas. El descubrimiento de fármacos para el dengue y los arbovirus relacionados ha sido decepcionantemente lento, con pocos candidatos nuevos que ingresan a ensayos de última etapa. Las estrategias actuales incluyen antivirales de amplio espectro, terapias dirigidas al huésped, anticuerpos monoclonales, vacunas basadas en ARN y plataformas emergentes de vacunas de ARNm.    

Las trayectorias globales de la malaria durante la última década muestran una combinación de logros iniciales en el control y un estancamiento más reciente, reflejado en la estimación del Informe Mundial sobre la Malaria 2024 de la OMS de 263 millones de casos y 597.000 muertes en 2023, con un progreso estancado impulsado por la resistencia de los vectores, las interrupciones del sistema de salud y las presiones climáticas emergentes. Cada vez más, el cambio climático está alterando la idoneidad ambiental para la transmisión, especialmente en ecotonos de transición como las regiones de tierras altas y marginales. Las revisiones sistemáticas documentan cómo los aumentos de temperatura y la variabilidad de las precipitaciones influyen en la abundancia de vectores y el desarrollo de parásitos, con proyecciones que indican expansiones altitudinales y poblaciones crecientes en riesgo, incluso en regiones de tierras altas como Papúa Nueva Guinea. Una revisión exploratoria de África destaca aún más la sensibilidad de Anopheles y Plasmodium tasas de desarrollo incluso ante pequeños aumentos de temperatura, mientras que las fluctuaciones en las precipitaciones determinan la disponibilidad de los lugares de cría y los patrones de transmisión estacional. A medida que los patrones de transmisión cambian bajo las presiones medioambientales, los desafíos clínicos y terapéuticos de la malaria se vuelven cada vez más pronunciados. Los tratamientos actuales dependen en gran medida de terapias combinadas basadas en artemisinina, aunque la propagación de la resistencia parcial a la artemisinina supone una amenaza importante. Las herramientas preventivas incluyen mosquiteros tratados con insecticida, quimioprevención estacional y las vacunas introducidas recientemente (por ejemplo, RTS, S y R21), aunque ninguna proporciona una protección completa o a largo plazo. Las líneas de investigación de fármacos se enfrentan a limitaciones persistentes, como la escasa diversidad química, la creciente resistencia y el lento avance de nuevas clases terapéuticas. En respuesta, las estrategias emergentes incluyen antipalúdicos de nueva generación, fármacos para la etapa hepática, agentes bloqueadores de la transmisión y plataformas experimentales como las vacunas contra la malaria basadas en ARNm.   

Las enfermedades transmitidas por garrapatas están mostrando algunas de las respuestas más pronunciadas al cambio climático, con una expansión de sus rangos geográficos y una mayor incidencia en muchas regiones. La enfermedad de Lyme, causada por Borrelia burgdorferi y transmitida por garrapatas Ixodes , se ha extendido significativamente por América del Norte y Europa, ya que el calentamiento permite la supervivencia de las garrapatas en zonas anteriormente inadecuadas. El complejo ciclo de vida de Ixodes, que involucra a múltiples huéspedes y un desarrollo de varios años, crea vínculos intrincados con las variables climáticas. Las temperaturas más cálidas aceleran el desarrollo de las garrapatas y mejoran su supervivencia, mientras que la humedad impulsada por las precipitaciones influye fuertemente en la actividad de las garrapatas. La encefalitis transmitida por garrapatas (ETG) también se está expandiendo en Europa y Asia, con nuevos focos endémicos en latitudes y elevaciones más altas. El virus muestra una replicación dependiente de la temperatura en las garrapatas, lo que sugiere que el calentamiento puede mejorar aún más la eficiencia de la transmisión. Clínicamente, la enfermedad de Lyme presenta un amplio espectro, desde el eritema migratorio temprano (la erupción característica en forma de anillo) hasta complicaciones neurológicas y cardíacas graves si no se trata. Sin embargo, el tratamiento sigue dependiendo únicamente de los antibióticos, ya que no existe ninguna vacuna humana autorizada. Para la ETG, existen vacunas eficaces en varias regiones endémicas, pero la cobertura sigue siendo variable e insuficiente para frenar totalmente la transmisión.  

Estas brechas en la prevención y la clínica reflejan desafíos de innovación más amplios en el manejo de las enfermedades transmitidas por garrapatas, donde las líneas terapéuticas siguen siendo escasas y los avances en diagnósticos guiados por biomarcadores o intervenciones curativas siguen siendo limitados. En consecuencia, la investigación se está desplazando hacia nuevos enfoques más allá de los antibióticos tradicionales dirigidos a los patógenos. Las estrategias prometedoras bajo exploración incluyen vacunas contra las garrapatas diseñadas para interrumpir la alimentación del vector, enfoques biológicos de control de vectores dirigidos a las poblaciones de garrapatas, terapias dirigidas al huésped para mitigar la gravedad de la enfermedad y plataformas de vacunas emergentes como las tecnologías de ARNm. Además, los oligonucleótidos antisentido (ASO) se están investigando como herramientas moleculares de precisión para suprimir la expresión génica de los patógenos, aunque estos enfoques permanecen en una etapa temprana de desarrollo.  

Dimensiones económicas: De la carga a la oportunidad de inversión

Las enfermedades transmitidas por vectores imponen costes directos significativos a los sistemas sanitarios, y el cambio climático amplifica estas presiones al desplazar los brotes hacia regiones con una preparación limitada. Por ejemplo, los costes del tratamiento del dengue por episodio oscilan entre los 15 USD para pacientes ambulatorios y más de 9300 USD para pacientes en unidades de cuidados intensivos. A medida que el dengue se extiende a regiones templadas de ingresos altos, la carga económica por caso aumenta drásticamente debido a los mayores costes sanitarios y a las estancias hospitalarias más prolongadas. Por el contrario, en las regiones en desarrollo, las enfermedades transmitidas por vectores consumen una parte importante de los presupuestos de salud pública que, de otro modo, podrían destinarse a otros servicios sanitarios esenciales.   

El impacto va más allá de los sistemas sanitarios. Las economías dependientes del turismo son muy vulnerables a la pérdida de ingresos debido a una mayor incidencia de enfermedades. Como se observó durante la epidemia de Zika de 2015-2016, América Latina y el Caribe perdieron aproximadamente entre 7000 y 18 000 millones de USD en ingresos turísticos, según un informe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo.    

Los estudios realizados en comunidades agrícolas africanas informan de pérdidas sustanciales de productividad; los hogares pueden perder casi el 28 % de sus ingresos estacionales debido a la malaria, y el rendimiento de los cultivos es sistemáticamente menor cuando la incidencia de la malaria es alta.

Estos datos ponen de relieve la importancia de la prevención a la hora de enfrentarse a las enfermedades transmitidas por vectores. Los análisis económicos demuestran sistemáticamente que los sistemas preventivos ofrecen rendimientos mucho mayores que la respuesta reactiva ante los brotes. Los sistemas de alerta temprana basados en el clima para las enfermedades transmitidas por vectores han mejorado sustancialmente la puntualidad y la eficacia de las intervenciones de salud pública, reduciendo la escala, la gravedad y los costes asociados a los brotes al permitir una actuación más temprana. Asimismo, los marcos de evaluación económica indican que las respuestas desencadenadas por la inteligencia de alerta temprana proporcionan beneficios netos positivos para los sistemas sanitarios, lo que reitera su valor como herramientas rentables para la preparación ante brotes.    

Por lo tanto, la inversión en sistemas preventivos podría impulsar un amplio crecimiento económico en las regiones más afectadas hoy en día por las enfermedades transmitidas por vectores, y podría evitar choques económicos en las zonas a las que se desplazarán estos insectos y las enfermedades que transmiten a medida que continúe el cambio climático.

Direcciones futuras: Estrategias adaptativas y prioridades de investigación

Los riesgos de enfermedades transmitidas por vectores impulsadas por el clima exigen estrategias integradas y con visión de futuro que combinen la vigilancia, la prevención y sistemas de salud resilientes. Es fundamental prepararse para múltiples escenarios climáticos, ya que un calentamiento moderado (+2 °C) puede expandir los vectores hacia zonas templadas, mientras que un calentamiento extremo (+4 °C) podría transformar por completo la dinámica de las enfermedades.    

Las prioridades clave para los sistemas de salud pública incluyen sistemas de alerta temprana basados en inteligencia artificial que integren datos climáticos y de salud; control de vectores adaptado al clima mediante la gestión integrada de vectores; herramientas novedosas como los mosquitos con impulso genético; y el desarrollo y despliegue acelerado de vacunas, terapias y diagnósticos; además de la creación de sistemas de salud resilientes al clima con cadenas de suministro sólidas y apoyo digital a la toma de decisiones. El apoyo digital a la toma de decisiones incluye paneles de control, plataformas de análisis predictivo y alertas automatizadas que ayudan a las autoridades sanitarias a interpretar la información climática y de vigilancia en tiempo real, y a guiar respuestas de salud pública oportunas y basadas en evidencia.    

Los marcos normativos deben integrar la planificación sanitaria impulsada por el clima en las estrategias nacionales de adaptación y fortalecer la cooperación global. La investigación debe centrarse en las interacciones vector-patógeno-clima, el modelado predictivo bajo diversos escenarios, la evaluación de tecnologías genéticas y de control biológico con protocolos de seguridad y ética sólidos, y las dimensiones sociales, como la participación comunitaria y la implementación equitativa.   

La imprevisibilidad de los impactos climáticos en los insectos, sus ciclos de vida y los patógenos que transportan hace que estos desarrollos sean un desafío, pero la gravedad de las enfermedades transmitidas por vectores y sus impactos económicos exigen medidas inmediatas.

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Questions and answers

¿Qué son las enfermedades transmitidas por vectores?

¿Cómo afecta el cambio climático a las enfermedades transmitidas por vectores?

¿Qué enfermedades transmiten los mosquitos y las garrapatas?

¿Cómo podemos prevenir los brotes de enfermedades transmitidas por vectores?

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